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miércoles, 24 de agosto de 2011

No confundas SEXO con AMOR.

Allí donde los medios de comunicación ven liberación femenina, los posmodernos reproches de las mujeres parecen hablar de otra cosa. Se quejan de que ya no hay hombres, que solo quieren sexo y que huyen del compromiso afectivo.


Pareciera que el sexo casual es para algunas mujeres una suerte de peaje obligado en vista a aumentar sus chances para una relación. Es que, según explican, no siempre llegan a él por elección y deseo genuinos sino porque piensan que si no tienen sexo de inmediato el hombre que acaban de conocer —potencial pareja— se irá con otra.

Esta postura nace de la creencia de que el "mercado" amoroso está tan difícil y competitivo que no deja lugar a este tipo de elecciones… Cuando la verdad es que si ya partís del presupuesto de que no tenés opción, la realidad terminará dándote la razón. Las creencias pueden ser mucho más limitantes que la realidad misma.

El sexo como fin en sí mismo no parece ser lo más común, pero no quiere decir que no exista. Por supuesto que hay mujeres que cuando tienen sexo simplemente tienen sexo y no se quedan esperando, secretamente, a que el hombre las vuelva a llamar.


Luego tenemos a aquellas mujeres en las que el sexo funciona como una barrera que impide acceder a la verdadera intimidad. Es un modo de recibir afecto sin tener que vérselas con los riesgos que conlleva abrirse a una relación. Ellas también se quejan de que los hombres no se quieren comprometer, pero la queja debe leerse como una proyección de su propio temor al compromiso.

Tips para alejar la angustia

No tiene sentido que las mujeres sigamos dilapidando energías en culpar al príncipe que no fue por haberse llevado consigo el reino que nunca nos prometió.

Tampoco es que ellos premediten sus "abandonos". Como bien señaló uno de los hombres que entrevisté, “la atracción inicial no es garantía de una buena relación posterior (entendiendo la palabra relación en sentido amplio, no solo sexual)… Y eso no es miedo al compromiso”.


No se trata entonces de jugar según las reglas de los hombres ni de pretender imponer las nuestras, sino de pactar las reglas con las que queremos jugar, de modo que no salgamos ni heridas ni angustiadas. Porque después que se lo aceptó, no se puede reclamar lo desventajoso del trato.

Teniendo presente que ser deseada no es ser amada y no pidiéndole al sexo más de lo que el sexo puede darte, te abrís a la posibilidad de elegir verdaderamente.

Ocupate, entonces, de decidir en función de lo que realmente sentís y despreocupate de qué es lo que decidirán los hombres a partir de ello. Verás que por fin has encontrado la auténtica liberación sexual.

Fuente: entremujeres

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